Cariño, estás mejor sola que mal acompañada
La importancia de elegir bien a nuestra pareja y de estar bien con nosotras mismas estando solteras mientras eso suceda.
El otro día, hablando con un amigo sobre este tema, y después de haber entrado en el lado oscuro de instagram y haber leído comentarios de algún que otro machirulo (ya hablaremos de esto en otro post), me recordaron la importancia de elegir bien a nuestra pareja. Y también de lo importante que es saber estar con nosotras mismas solteras, que no solas, mientras tanto esa persona aparece en nuestras vidas o se da el tipo de relación que merecemos y deseamos.
Todavía existe muchísima presión al respecto de emparejarnos. Mas en el lado femenino que en el masculino, por desgracia. Lo cuál hace que, sin querer, en múltiples ocasiones nos dejemos llevar por la necesidad de emparejarnos para satisfacer las expectativas sociales impuestas sobre nosotros, en vez de mirar por nuestras propias necesidades como seres humanos a la hora de elegir con quien compartir nuestra existencia.
Ahí reside uno de los grandes puntos flacos a la hora de juntarnos con alguien.
Desde la tranquilidad de mi casa, y tras muchísimos años de trabajo interno, es fácil decir esto. Es muy fácil escuchar historias de amor e identificar al segundo todos los patrones que están haciendo que esa persona elija mal a sus parejas. Pero yo también he pasado por ahí y creo que es algo muy humano teniendo en cuenta la sociedad en la que vivimos.
El caso es que elegir bien a nuestra pareja es una de las decisiones más importantes que vamos a tomar en nuestra vida.
No digo esto bajo el prisma de “oh, si, te tienes que emparejar sí o sí porque sino eres una fracasada emocional”. En absoluto. Puedes decidir tener pareja, igual que puedes decidir no tenerla, como puedes decidir tener una trieja, poliamor, etc…
Y si decides emparejarte, esa persona que elijas tener en tu circulo cercano, en tu día a día, te marcará muchísimo. Para bien o para mal. Así que, puesto que no podemos evitar que las personas que nos rodean, y que nos importan, nos influencien, mejor elegir sabiamente a una (o varias) que te influencie para bien en vez de para mal.
Quizás esto ya lo sepas de sobra o quizás esté empezando a despertar tu consciencia en el ámbito relacional y jamás te hayas planteado esta perspectiva, pero el amor de pareja no es el “que te toca”, el amor de pareja se elige.
Hay muchas personas que creen que el amor te cae del cielo, que es lo que hay. Que “¿yo que voy a hacer si siempre me enamoro de quienes me hacen daño?” “eso viene como viene”. Las hormonas, la química, la biología, sí. Puede que ahí sí tengas razón. A veces nos atrae físicamente una persona que no nos conviene y eso no siempre lo podemos elegir. Pero lo que sí podemos elegir es a quién dejamos entrar en nuestra vida. Lo que sí podemos elegir es con quién nos vinculamos sexo-afectivamente a nivel íntimo.
Y eso lo hacemos tomando consciencia de lo que realmente significa construir una relación sana y de nuestras necesidades como persona.
Teniendo claro que el amor no es como el clima, que unos días llueve, otros hace sol y no lo podemos controlar. El amor es más bien como un supermercado.
Vale, igual a ti te encanta comer un entrecot re-grueso todos los días, pero tu salud y tus venas necesitan cenar una ensalada. Y mientras tanto estás en el pasillo de la carne diciendo “esque solo me atraen los entrecots”. Igual ha llegado la hora de cambiar de pasillo y fijarte en otras personas que están fuera de tu zona de confort. ¿Se entiende?
Elegir bien a nuestra pareja es super importante, porque nos marcará tanto para bien como para mal (sí, ya sé que esto ya lo he dicho, pero lo repito porque es importante).
Si eliges a una persona que tiene la inteligencia emocional en el orto, te pasarás la relación creyendo que no vales una mierda, que no te ven, que la persona que más amas en este mundo no te entiende (y probablemente tampoco te respeta). Que eres tú la que tiene un problema por sentir tanto. Y por ende acabará consumiéndote la autoestima, minándote la moral y haciéndote creer que ese es el tipo de amor que mereces porque el mundo es así (el pasillo de los entrecots).
Si eliges a una persona que no sabe comunicarse asertivamente o que no sabe gestionarse emocionalmente, te pasarás los días entre gritos, discutiendo por nimiedades. Llenarás tu vida de “¡yo no he dicho eso!” “¡esque todo lo entiendes al revés!” “¡tendrías que saber eso!”. Personas que esperan que les leas la mente en todas sus facetas, que volcarán sus expectativas sobre ti (eso sí, sin decírtelo directamente) y luego se enfadarán contigo por no cumplirlas. O peor aún, personas que se comunican de forma pasivo-agresiva, que cuando se enfadan se van y te hacen la ley del hielo durante una hora hasta que se calman y luego vuelven siendo unos santos. O quizás personas que tienen la costumbre de no dialogar nada y evitar todo lo que va mal, escondiendo los problemas debajo de la alfombra para acto seguido hacer como si no hubiera pasado nada.
¿Te suena? No te preocupes amiga, yo también he pasado por ahí.
Pero, ¿qué pasa cuando elegimos bien? ¿Cómo elegir bien y cómo saber si estamos eligiendo bien?
El otro día me junté con unos “colegas” muy chapados a la antigua. De los de “yo no necesito terapia jeje” (spoiler, manolo tú necesitas ir a terapia más que nadie, hermoso). Y uno de ellos me soltó el típico comentario obsoleto de “no te cases nunca jeje”. A lo que yo le respondí:
—Claro que me voy a casar, pero con la persona correcta.
—¡Eso nunca se sabe! Jaja— me respondió él, como si tuviera la pócima secreta de la sabiduría infinita del amor.
—Claro que sí. Se sabe cuando te tomas el tiempo y la paciencia de conocer bien a las personas antes de juntarte y no te emparejas con la primera persona que te atrae sexualmente.
Se hizo el silencio y seguimos jugando al juego de mesa que teníamos entre manos (que para eso había ido allí, básicamente).
Efectivamente. Elegir bien a la persona con la que casarte, emparejarte, tener hijos se sabe y se puede. Pero muchas veces no tenemos paciencia para ello, nos puede el atracón de química. Nos puede el ansia de no estar solas. Nos pueden las ganas de que otra persona nos salve, nos complete, nos valide, nos llene ese vacío interno que tenemos y que por nosotras mismas no sabemos llenar. Y acabamos comiéndonos cn patatas todas las banderas rojas y el entrecot.
De ahí que la segunda parte de esta newsletter sea la importancia de estar bien con nosotras mismas estando solteras (que no solas) mientras tanto llega esa relación que merecemos y deseamos.
Porque nadie puede elegir bien mientras se está muriendo de hambre.
Como digo siempre, no se trata de sanar absolutamente todos tus males, todas tus inseguridades y convertirte en Buda para tener una relación sana. No somos dioses Asgardianos, somos seres humanos. Y ser seres humanos implica que nunca vamos a ser perfectos. Implica que por muy trabajada que estés, siempre habrá un rinconcito de ti que sienta inseguridades, miedos, dudas, etc.. Que venga un día importante (una entrevista de trabajo, una presentación, un test médico) y te de ansiedad por la presión que está ejerciendo sobre ti esa situación.
Y en esos momentos, ¿a quién quieres tener a tu lado? ¿A una persona que te hunde, que te hace sentir como una mierda o a una persona que te llena de paz, de amor y te hace la vida más fácil y llevadera? *Quédate con esta frase porque es clave para saber si estás eligiendo a la persona correcta para ti o no.
Solo cuando estemos realmente bien con nosotras mismas, nos valoremos, amemos nuestras idiosincrasias, nuestra vulnerabilidad, nuestro “lado feo”, será que podremos tomar consciencia de quienes somos, de lo que necesitamos en una relación y podremos elegir no con la ansiedad de quien se apresura a coger el último entrecot del supermercado porque tiene miedo a quedarse sin carne. Sino con la calma y la paciencia de quien sabe que hay un montón de pasillos repletos de comida que, en cuanto esta se acabe, volverán a reponer y habrá más para elegir.
¿Se entiende la metáfora? Espero que sí.
La persona correcta para ti te traerá paz.
Es importante hacer hincapié en ese para ti, porque todo el mundo no es para ti igual que tú tampoco eres para todo el mundo.
Pero la persona correcta para ti, no importa si es en el ámbito de las relaciones de pareja como en las amistades, te traerá paz.
Así es como se sabe.
Y eso no significa que de vez en cuando no vayáis a discutir o debatir por tonterías. Pero sí se hará desde un punto de respeto mutuo, comprensión y amor. De modo que cada discusión no sea la batalla final de los vengadores y arda Troya, sino más bien dos adultos dialogando e intentando entender la perspectiva de la otra persona para poder llegar a un acuerdo entre ambos. ¿Suena bien verdad?
Pues así todo.
¿Qué necesitas tú, cariño? Ahora es el momento de que te pares a escribir o pensar en lo que realmente necesitas tú en una relación y no aceptes menos que eso.
Aquí te voy a poner algunos ejemplos por si no sabes por dónde empezar o esto de saber qué quieres realmente en una relación te abruma un poco. Primero he de añadir que, tengas la edad que tengas, tus relaciones pasadas son el ejemplo perfecto para empezar a hacer esa criba.
“Mi ex siempre me gritaba y discutía por todo”— lo que te dice realmente esa frase es “quiero una relación donde no se grite y se discuta cada dos por tres. Quiero una relación dónde ambos estemos en la misma página y nos entendamos sin necesidad de discutir. Quiero una relación donde mi pareja no me grite” ✅
“Mi ex siempre me hacía sentir que soy difícil. Que le pedía demasiado por querer hablar todos los días”— lo que te dice realmente esta frase es “quiero a una persona que comparta mis necesidades de comunicación y con quien comunicarme sea fácil. Una persona que me haga sentir que soy fácil de amar” ✅
Ahora te toca a ti seguir.
Por si nadie te lo ha dicho nunca, no eres difícil de amar. Simplemente llevas media vida juntándote con personas que no son para ti.
No tienes un problema. No eres demasiado. No estás desesperada por necesitar atención y cariño de tu pareja. Eso es algo completamente normal. Simplemente te has juntado con personas que no estaban emocionalmente disponibles y eran unas inmaduras con la responsabilidad afectiva en el agujero del culo.
Tus necesidades, sean las que sean, son válidas y mereces a alguien que te ame tal y como eres. Solo se trata de tener la paciencia y el amor propio necesarios para seguir con tu vida tranquilamente hasta que te cruces con la persona que sí es para ti y entonces la dejes entrar en tu vida sabiendo que va a tratar tu mundo emocional con amor, respeto y cariño.
Está bien si tienes mucha necesidad de comunicación. Está bien si no la tienes y te gusta hablar con tu pareja solo una vez al día. Está bien si eres una empalagosa y tu forma de amor es el tacto y estar pegadita como una lapa a tu señor marido. Está bien si eres desapegada y no te gusta en exceso el empalague. Está bien si eres romántica. Está bien si no lo eres.
SEAS COMO SEAS, hay millones de seres humanos en este mundo que comparten las mismas necesidades que tu. Solo es cuestión de tiempo y saber elegir desde el amor propio y el respeto hacia ti misma y no desde el miedo.
Espero de todo corazón que te haya gustado la newsletter de hoy. Si ha sido así me encantará leerte, así que no te vayas sin dejarme en los comentarios tu opinión 🥰
Pd. una película que viene al pelo con este tema, por si no la has visto todavía, es ‘El indomable Will Hunting’. Los discursos del personaje interpretado por Robin Williams son francamente exquisitos (que en paz descanse este señor, me pongo a llorar solo de pensarlo, pero ya hablaremos de este tema y de todas sus grandes películas en otro post). Gracias por haber compartido este momento conmigo 💗

