El deseo de compartirnos con otras personas nos hace humanos.
Una pequeña reflexión
Hoy me encuentro en un momento delicado. No escribo esto esperando encontrar refugio en ti, mi querido lector/a. Sino como parte del propósito de mi newsletter de mostrar mi vulnerabilidad y hacerte ver (si es que lo necesitas) que todos somos humanos y está bien no estar eufórico ni chiripitifláutico las 24h.
Hace un tiempo que los fines de semana me pesan un poco. No por ese lado adolescente de querer salir de fiesta y perder el sentido de todo, sino porque hace mucho que lo que más anhelo es estar en pareja y vivir un amor sano. Que llegue el fin de semana y acurrucarme junto a mi marido, ponernos una serie o elegir un libro cada uno, ambientar el comedor acorde a la ocasión y disfrutar de nuestra mutua compañía.
Inciso: por favor, ahórrate los comentarios del tipo “tu vida no tiene que girar en torno a la pareja” porque si me conoces mínimamente sabrás de sobra que tengo mil proyectos entre manos y que mi vida es maravillosa. Pero nací y moriré siendo una romántica empedernida, ¿qué le vamos a hacer? Uno de mis anhelos del alma, junto con ser directora de cine, es vivir en pareja y tener una relación monógama sana. Y está bien. Dejemos estar ya el individualismo extremo. Si tú que me lees quieres vivir la vida libre, sin pareja y fluir como el viento, está genial y maravilloso, pero también está bien desear construir un hogar sano. Dicho lo cuál, sigamos.
El caso es que últimamente me entristece un poco esta espera que roza el infinito +1. No como una tristeza mortal e ignominiosa. Sino más bien como un suspiro breve en el aire. Una ligera exhalación en forma de “ah…” en la que suelto al Universo todos mis deseos y acto seguido continúo como si nada, ocupando mi mente en mí misma o en alguno de esos proyectos que tanto me apasionan.
Creo que es importante también darnos ese espacio para sentir nuestros deseos. La pequeña tristeza que surge al no tener aún lo deseado. Como quien desea viajar a Venecia pero sabe que este año no podrá ser pues aún tiene que ahorrar un poco más de lo esperado.
El deseo de compartirnos con otras personas nos hace humanos.
Y hoy me encuentro habitando ese lugar. Esa pequeña sala de espera de color beige, con asientos mullidos y música relajante que dará paso a una de las cosas que más deseo en este mundo.
La intimidad de compartirme con alguien que entienda mis idiosincrasias sin juzgarme. Que me ría las gracias, o simplemente se ría por el simple hecho de verme a mí reír, aunque mis chistes no le hagan gracia.
Compartir mis ganas de ver la última temporada de los Bridgerton y que se entusiasme conmigo y pasarnos horas hablando de algo estúpido. Y salsear juntos cuál mejores amigas en nuestra propia fiesta de pijamas mientras nos hacemos el skin care.
Mierda. Se me acaba de precipitar una gota de algo salado a través del lagrimal.
Vamos a dejarla caer.
La verdad es que no hay truco para sobrellevar estas situaciones, ni la espera de lo anhelado, mas que sentir lo que llevamos dentro y aceptar, sin rechazo ni culpa, que efectivamente esto es lo que deseamos.
Tiempo al tiempo, todo llegará.
Quizás no sea lo que quieras escuchar en estos momentos pero existe una gran parte de la vida que los humanos, por muy endiosados que nos creamos en ocasiones, no podemos controlar.
Lo único que puedes controlar es lo que está en tus manos: quien eres tú, en qué piensas tú, lo que decides hacer tú con tu vida y con tu tiempo (y sí, tienes elección). Más allá de eso no es tu trabajo.
Así que si por algún casual nos hemos encontrado en esta pequeña sala de estar, a la espera de que llegue nuestro turno para atravesar la puerta que nos llevará al amor sano y recíproco, lo único que puedo decirte es que hagas tu parte del trabajo pues es lo único que puedes controlar.
Todo lo demás llegará cuando sea el momento adecuado.
Deja de mirar de manera obsesiva al papelito que tienes en la mano, como cuando esperas turno en la carnicería y en el panel de neón marca el número 23 mientras en tu papelito pone 88. Porque el amor y el destino, por suerte o por desgracia, siempre será una incógnita para el ser humano.
Supongo que mantener el misterio es un pequeño regalo en forma de sorpresa que nos da la vida.
Disfrútala, como cuando sabes que se acerca tu cumpleaños y que tus seres queridos te van a montar una fiesta sin igual. No sabes dónde será ni qué te van a regalar, pero sabes que cuando suceda será maravilloso.


😭 ada te quiero mucho,un abrazo reina así o peor me suena,que válido tu sentir 🌸🍀
Gracias por compartir esta reflexión con nosotros ❤️🥰😘.
Pero también me gustaría decir que esa sala de espera puede estar en los dos lados del edificio. Unos esperan ese amor que seguro que llegará y otros esperan a que la vida mueva ese numerito del panel para que al llegar a tu turno puedas elegir, esta vez, correctamente.
Estar en pareja y seguir anhelando esos momentos de intimidad y complicidad sutil, es tremendamente duro.