El mercadillo animoide, un extraño paseo por el caos de mi mente.
Ensayo filosófico-reflexivo sobre la sociedad en la que vivimos.
Hoy es uno de esos días en los que tengo demasiada información en mi cabeza y me está resultando difícil organizarla y filtrar.
«¿De dónde viene la inteligencia emocional innata?»
«¿Es la alta sensibilidad una respuesta neuronal al trauma?»
Mi cerebro es como el puerto de una ciudad de comerciantes en la que no paran de entrar y salir mercancías, barcos y navegantes. Un flujo contante de ideas, análisis y reflexiones que en ocasiones me dificultan funcionar como un humano “habitual”.
Me planteo los límites entre la neurodivergencia y la neurotipicidad.
«¿Hasta dónde llega la auto-consciencia del ser humano, la empatía y la frialdad?»
Los factores que alteran y/o determinan la psicología humana más allá del contexto socio-evolutivo del individuo.
Si la falta de sensibilidad de la sociedad es un factor neurológico o educacional.
Me inclino a pensar que un poco de ambos.
Solía creer que la alta sensibilidad y el exceso de empatía eran factores neurológicos. Dicho de un modo más simple: tu cerebro es así.
No obstante, cuantas más personas conozco más difusa encuentro la línea entre lo neurológico y lo educacional. Haciendo casi imposible encontrar una variable realmente determinante, sino un compendio de situaciones y tendencias que desencadenan una formación neuronal/psicológica concreta que es capaz de variar según los vínculos o estímulos que lo rodean.
Es decir, que quizás no tenga tanto que ver con la disposición natural de nuestro cerebro sino con la educación que recibimos por parte de la sociedad durante nuestro proceso evolutivo y de quién nos rodeamos.
Sin embargo, este último punto no deja de parecerme una auténtica locura.
El otro día estaba con unos amigos/colegas jugando a un juego de rol. Concretamente a warhammer fantasy (sí, soy esa clase de friki). En una de las pausas que hicimos para ir a comer surgieron varios temas interesantes:
¿Qué pasaría si las banderas rojas de la gente olieran a mierda?
El planteamiento de que las distintas formas de reaccionar cuando alguien te miente descaradamente dependen del vínculo que tengas con la persona y tu interés personal en mantener dicho vínculo.
He de añadir que yo soy muy propicia a sacar estos temas filosófico-psicológicos sobre la mesa ya que la mente humana y su comportamiento me fascinan en demasía.
El desarrollo de la primera opción y los posibles casos sociales que ocurrirían ante la mencionada hipótesis los dejaré para otra newsletter. La segunda opción, sin embargo, me parece especialmente interesante para con los temas que me rondan la cabeza actualmente.
Expectativas, sinceridad, sensibilidad y la facilidad de la raza humana para escurrir el bulto y fingir que todo va bien (aunque vaya mal).
He de admitir que esta semana me encuentro un tanto alicaída a moralmente por cuestiones personales relacionadas con el ámbito laboral.
Mi incapacidad para encajar en la sociedad y ganar un sueldo digno a final de mes ha hecho que me encuentre planteándome que de poco me sirve tener un coeficiente intelectual de 141 y la exuberante sensibilidad que poseo si soy incapaz de encontrar un trabajo decente que no me haga caer en depresión por tener que fingir constantemente que soy como el resto de seres humanos (cuando evidentemente no lo soy).
Y no digo esto con un aire de arrogancia a lo “oh, si! contemplad mi sabiduría!”. A efectos prácticos queda demostrado que mi cerebro no me ayuda a sobrevivir en esta sociedad, ergo de poco me sirve ser diferente.
A veces me gustaría tomarme esa pastilla de la felicidad que hacía que Lisa Simpson viera caritas sonrientes por doquier y no se cuestionara tanto las cosas (¿recordáis ese capítulo? menuda psicodelia).
Entro en Linkedin, en mi ya habitual búsqueda de un trabajo estable, y lo que me encuentro es un sucedáneo de Facebook con un nombre diferente.
Una red social en la que todo el mundo finge que le va de puta madre (cuando no es verdad), compartiendo su éxito más reciente. Posts cada dos por tres destinados a captar clientes con la misma estrategia piramidal que ya en anteriores newsletters comentaba lo mucho que me aborrecía. Gente escribiéndose y dejando comentarios como los más majos del mundo con tal de hacer contactos. Un mundo repleto de superficialidad.
Nadie habla de emociones. Nadie muestra su vulnerabilidad no vaya a ser que lo tomen por débil. No vaya a ser que por decir que tienes una mala semana (o un mal mes) ya des la sensación de ser una persona incapaz de liderar o tomar las riendas de tu propia vida.
«¿Realmente es necesario todo esto para encontrar un trabajo decente?»
Quizás sea mi intolerancia al bienquedismo, a las mentiras y la falsedad lo que me hace especialmente alérgica a estas actitudes, pero no me parece ni medio normal la deshumanización constante a la que nos exponemos y reforzamos a través de según qué medios.
Si el mundo sigue siendo así de falso, me temo que no encontraré un trabajo normativo jamás.
Aunque es cierto que no todas las personas son así, existe una grandísima falta de auto-consciencia y sinceridad en la raza humana que me hace especialmente alérgica a ella.
Me genera alergia tener que fingir que todo va bien en esta sociedad (en el planeta tierra) cuando no es verdad. Y no hablo de emociones personales, sino de que no me parece ni medio normal fingir que alguien te cae bien con tal de tener un contacto en nosequé empresa, porque te conviene/interesa, cuando en el fondo no te lo tragas.
No me parece normal que se siga teniendo el concepto de que un buen líder tiene que ser siempre fuerte y mostrar su mejor versión 24/7. Es tóxico y muy dañino.
No me parece normal que alguien te mienta en la cara y tener que fingir que no pasa nada, o hacerte la tonta por beneficio personal. Porque las personas son incapaces de aceptar sus propias mierdas y si le dices a alguien “eh, tío/tía, sé que me estás mintiendo, ten la decencia de al menos ser sincero y decir la verdad” lo más probable es que lo niegue y encima pierdas la amistad.
—Ya pero es que la vida es así, será mejor que te acostumbres.
¿De verdad la vida es así o la hemos hecho así?
¿De verdad es lo que todos queremos?
Lo dudo.
Soy alérgica al bienquedismo, las mentiras y la falsedad.
Y aún así me veo obligada a hacerlo. A “quedar bien”, a mentir, a fingir que soy algo distinto. Para sobrevivir, no porque quiera hacerlo.
A veces me da la sensación de que vivimos en un mundo de locos repleto de arlequines y bufones.
Cuando hablo con las personas de forma individual, en la vulnerabilidad y la intimidad que genera un espacio seguro en el que sabes que nadie te va a juzgar, ni a señalar, ni a excluir, todo el mundo se sincera:
“No me gusta mentir, pero es lo que hay”
“Uff… ojalá pudiera cagarme en todos sus muertos. Pero no lo hago porque sino me quedo sin trabajo.”
“No quiero ir a ese evento/quedar con esa persona, pero si digo la verdad no me volverán a invitar/me quedaré sin la oportunidad, así que mejor digo que me ha surgido algo importante y que no podré ir. Ya veré que me invento.”
*achús* Menuda mierda de sociedad hemos creado. Disculpadme *achús*, la alergia.
¿Soy la única persona que ve cuán jodidamente hipócrita e irónico es todo esto?
Ojalá que no. De verdad os lo digo.
Si me aprecias lo más mínimo, di la verdad. Aunque duele (a mí no me dolerá, te lo prometo).
Soy una persona muy sensible. Y eso no significa que me pase el día llorando por cualquier cosa, sino que siento y vivo la vida a un nivel muy profundo e intenso.
Casi nadie entiende a qué me refiero cuando digo que las mentiras me duelen, no a nivel psicológico-emocional sino físico. Así que voy a explicarlo de un modo muy rápido y conciso.
Imagínate que alguien te pega un puñetazo en la cara. Duele, ¿verdad? Lo mismo le sucede a mi cuerpo cuando veo todas las injusticias del mundo. Cuando la gente me miente con tal de “quedar bien”, o dan largas porque son incapaces de decir que no les apetece quedar conmigo.
Me duele físicamente igual que si me pegaran un puñetazo en el estómago.
Y pongo entre comillas eso de “quedar bien” porque con la única persona que quedas bien cuando sueltas un bienquedismo es contigo mismo y nadie más.
La gente no es tonta (aunque a veces nos hagamos los tontos). Tanto las mentiras, como los bienquedismos, las largas y la falsedad, tarde o temprano se acaban descubriendo. Porque nadie puede mantener eternamente un papel que no es el suyo.
Y cuando se descubre, a mí me rompe toda confianza y resquebraja la amistad.
No concibo ser amiga de una persona que ha tenido la sangre fría de mentirme a la cara, de no ser sincero/a, de tener la capacidad de elegir y decidir no decir la verdad.
Puede que para otras personas sea lo más normal del mundo relacionarse con seres humanos que mienten, evaden las conversaciones difíciles y adornan la verdad, pero para mí no tiene sentido.
Prefiero la verdad. Con empatía, con tacto, con cariño, eso sí. Pero siempre la verdad. Al 200%.
La sociedad ya “nos obliga” en demasía a meternos en sus enrevesados juegos de superficialidad y falta de humanidad. Por favor, no le sigas el juego. Sé sincero/a, di la verdad.
Personalmente, te lo agradeceré hasta el infinito.


