En la era del excesivo consumismo audiovisual.
"Qué difícil e incómodo nos resulta en esta época sostener el silencio y la paz"
Aunque empecé a utilizar substack como elección de uno de los muchos portales que existen para publicar newsletters, la verdad es que se ha convertido en algo muy distinto.
A través de él me he dado cuenta de lo mucho que amo (y necesito) escribir. Lo creé con la intención de usarlo para avisar a mis seguidores de los vídeos nuevos que subía al canal, pero me di cuenta de que siempre he tenido mucho más que contar.
Paradójicamente, nunca me he sentido cómoda exponiendo mis pensamientos delante de una cámara. Mis críticas de cine, mis opiniones sobre el último restaurante al que he ido, las filosofadas mentales que me pego todas las mañanas… No me gusta ponerme delante de una cámara, hacer un reel para instagram (o youtube, o tiktok o la que sea la red de moda del momento) y tener que grabarlo todo en pos a las tendencias actuales. Que si palmadita antes de comenzar a hablar para captar la atención. Que si divide el texto en 6 partes y graba cada una de ellas en rincones distintos del salón. Que si te tienes que mover en el vídeo porque sino pierdes la atención de la gente a los 5 segundos.
¿No os parece que toda esta tendencia no hace más que retroalimentar la mierda de contenido que consumimos diariamente y la adicción masiva a la dopamina, al déficit de atención colectivo y al quererlo todo YA?
Esto era una pregunta retórica, la respuesta, evidentemente, es un sí tan grande como una catedral.
En esto de las redes sociales me siento un poco Adele ahora mismo. Puede que sea por la edad (33 años y moviéndome hacia los 34) o puede que sea porque ya no valoro las mismas cosas que cuando tenía 16 años (seguramente sea esto último). Pero no me apetece nada vivir con prisas, en base a los algoritmos y los trends.
Creo que fue en una entrevista que le preguntaron a Adele porqué hacía la música que hacía si la gente de hoy en día escucha otro tipo de género, y Adele respondió algo así como “Entonces, ¿quién hará la música que le gusta a la gente como yo?”
No os lo toméis literal porque lo he parafraseado de mi pésima memoria selectiva. Si os interesa la entrevista, mejor buscadla en internet. Pero vaya, más o menos esa era la esencia.
Y así me encuentro yo, pensando… “si todo el mundo se sube al carro de los reels, del vivir de prisa, del mirar todo el rato los algoritmos, del tienes que hacer un vídeo así o asá porque sino no lo va a petar porque ahora lo que lo está petando es que digas tu texto mientras haces el pino subido a una silla, etc… ¿quién va a crear contenido para las personas que quieren vivir despacio y sin prisa?”
Amiga Adele, con tu permiso, voy a usar tu estrategia.
Cada vez me interesa menos vivir deprisa y compartir mi vida en instagram. Dedicar mi precioso tiempo de vida a alimentar las mentes de serrín y la sociedad de consumismo audiovisual. Porque ahí es donde creo que estamos. En la era del excesivo consumismo audiovisual.
Yo no soy la excepción, al revés. He pringado como la que más. El otro día me di cuenta de que a lo tonto me había pasado todo el dia con el teléfono en la mano. Que si youtube, que si substack, que si pódimo, que si entra un ratito en instagram para publicar que hay video nuevo, que si contesta a los comentarios de youtube, que si ahora ponte música… (y cuando no: netflix, disney+, prime, etc…)
Qué difícil e incómodo nos resulta en esta época sostener el silencio y la paz.
Noté que sin querer, caía en el mismo patrón que todo el mundo, tratando de rellenar cada silencio con cualquier sonido que me distrajera de lo que realmente importa. De lo que está sucediendo en el presente, de mis propios proyectos de vida y de mi mundo interior.
(Pausa para almorzar. Tu no lo ves, pero en el momento en el que escribo esto son las 10:13 de la mañana del domingo y tengo un hambre tremenda, así que voy a hacer una breve pausa para almorzar –que no para comer– y enseguida vuelvo. Podría no haber dicho nada, tampoco te habrías enterado de que me he ido brevemente si no lo hubiera dicho, pero me hace cierta gracia dejar constancia. Lo hace un poco más humano. Más natural)
(Ya estoy aquí de nuevo. ¿Ves que mágico? Para ti solo han pasado unos segundos mientras que para mi ahora son las 10:38h. Enhorabuena, eres el primer viajero del tiempo jaja siempre he querido decir eso. Y por si te lo estás preguntando, he almorzado un señor bocata de tortilla de chistorra. Uno de mis favoritos, por cierto.)
El caso es que escribir en substack me ha abierto una puerta a un mundo que desconocía y que he descubierto que me encanta: la escritura.
Aunque me encantaría que mis newsletters se hicieran famosas solo por escribirlas yo y que me pagaran chorrocientos miles de euros por vomitar mis pensamientos en una columna, la verdad es que de momento me hace muy feliz escribir solo por el hecho de hacerlo, aunque nadie me lea.
Quién sabe, puede que tras miles de años la raza humana y la sociedad tal y como la conocemos se vaya a la mierda y substack sea el único sitio donde habiten los últimos recuerdos de lo que era la humanidad. Como en La Máquina del Tiempo, ¿te imaginas? Jaja, la verdad es que no creo que suceda, pero me resulta muy curioso posicionarme en esa perspectiva y plantearme qué será de la raza humana si seguimos moviéndonos en la dirección en la que vamos.
¿Cuál será el próximo avance tecnológico que revolucionará el mundo y cambiará nuestra forma de vivir como pasó con el teléfono móvil y el internet?
¿Qué contarán sobre nosotros los libros de historia del futuro? ¿Sobre la gente del 2026?
No lo sé.
De momento me quedo con que voy a escribir para esas personas que prefieren vivir despacio, sin exceso de estímulos, sin estar rellenando constantemente el tiempo y el espacio de cualquier cosa que nos evite pensar.
Quiero escribir (y escribo) para esa gente que camina lento. Esos que como yo, idealizan la parte bella de las películas basadas en los años 40. Leer el periódico tranquilamente en el porche de nuestra imaginaria casa junto con una tacita de infusión, mientras escuchamos el sonido de los pájaros del vecindario y observamos los colores anaranjados y magenta de un hermoso atardecer en primavera.
Quiero escribir (y escribo) para esa gente que no encaja. Que siente que vive a una velocidad distinta de los demás. Que le importan otras cosas más allá de las redes sociales, estar constantemente a la moda o publicar contenido en instagram.
Personas que saben que alejarse del consumismo audiovisual no significa perder nada, sino más bien ganar en salud y en bienestar.
A todxs vosotrxs, gracias 💗

