La desnudez que no se ve.
(el poder de la escritura)
Hace poco entré en la comunidad de Substack y me sorprendió gratamente. Si bien es cierto que descubrí este mundo gracias a un cine independiente que sigo en redes sociales y me metí de lleno llevada por mi fascinación por las películas, las series y la cultura en general, no fue hasta hace poco que descubrí la inmensa comunidad que se escondía detrás de todas esas newsletters.
Una comunidad de escritores que se sienten exactamente igual que yo, desnudos tras cada palabra. Cuestionándose si deberían crear posts más específicos e impersonales o si dejarse llevar por la vorágine de sus pensamiento incesantes y abrir las puertas de su corazón de par en par.
Hay que ser muy valiente para elegir la segunda opción.
Detrás de la pantalla, en la soledad de nuestras casas, solemos creer que a nadie le importan nuestros pensamientos, nuestras emociones, nuestro sentir. Pensamos que quizás el hecho de escribirlas no es más que un intento barato de liberarnos de lo que nos atormenta, de aquello en lo que no podemos dejar de pensar. Y casi sin ser conscientes de ello, tras cada palabra nos vamos quitando una a una todas esas capas de superficialidad a las que tan gratamente nos hemos acostumbrado para mantenernos a salvo en esta sociedad. Libres de las críticas, de los juicios, de las opiniones externas y del qué dirán.
Pero ohh.. cómo nos encanta leer los pensamientos de los demás y escudriñar en sus mentes, ¿verdad?
Con cada prenda de ropa que toca el suelo, cada filtro que se desvanece por nuestro impulso irrefrenable de querer conectar profundamente, nos vamos sintiendo cada vez más desprotegidos, más vulnerables.
Mientras escribo lo hago con el mismo pavor que si tuviera que desnudarme ante ti, un completo desconocido que me observa atentamente. Y ahí estás, sin decir nada, quito frente a mí. De repente el vértigo me invade, el pulso se me acelera. Se entre corta mi respiración y se me encoge el corazón. El frío cala en mis huesos y comienzo a temblar.
Automáticamente cubro mi cuerpo desnudo con mis manos, como un niño bajo la manta en plena oscuridad, tratando de ocultar todos mis defectos. Los miedos y las dudas afloran de nuevo sin cesar: “¿Seré lo suficientemente buena?¿A quién le importará?”.
Me da miedo que me juzguen, que me critiquen y me humillen por lo más banal, por si me he dejado un acento o si he puesto una coma en mal lugar.
En el fondo me aterroriza que descubran la verdad. Que, al fin y al cabo, solo soy un humano más.
Quizás para ti, querido lector, todo esto no sea más que un conjunto de oraciones y palabras correctamente situadas. Un compendio de significados hermosamente combinados para crear una newsletter más. Pero si observas atentamente, si eres capaz de ver más allá, te darás cuenta que cada letra oculta tras de sí todas y cada una de las curvas de mi cuerpo. La delicadeza de mis besos, la dulzura de mis abrazos perfectamente colocados tras cada coma, cada ribete, cada vocal.
Y a medida que vas leyendo (o escuchando) mis palabras, vas recorriendo y acariciando suavemente cada centímetro de mi piel desnuda. E inevitablemente me dejo llevar y dejo que me descubras, pues a pesar de los miedos y la incertidumbre quiero compartir contigo esta intimidad. Abrirte las puertas de mi corazón de par en par.
Sí, sé que esto da mucho miedo cuando eres tú quien tiene que exponerse ante los demás. Pero creo sinceramente que es la forma más pura de conectar. De encontrarnos mutuamente en un sitio en el que a todos nos da vértigo estar. Pero que sin lugar a dudar, todos queremos escuchar.
Resulta inmensamente reconfortante saber qué sienten los demás, leer los pensamientos de otro ser humano y cerciorarnos que después de todo, aunque a veces nos lo parezca, no estamos solos. Que, sea como fuere, hay otro alguien en este mundo que se siente exactamente igual que tú y eso sienta fenomenal.
Las emociones siempre fueron el lenguaje universal.
Así que si tú también eres escritor o escritora, o resuena contigo algo de todo lo que he dicho, por favor continúa. Sigue escribiendo y dejando un pedacito de ti en cada palabra, en cada verso.
Escribe. Escribe con rabia, con temor, con lujuria y con pasión. Escribe deprisa, de manera apresurada y atropellada, deja que las palabras caigan. Escribe despacio, con calma, con la ternura de quien contempla al fin a su amada. Escribe con vértigo y pavor. Escribe con orgullo y tensión. Pero escribe, suéltalo todo, no te quedes con nada.
Humildemente te invito a que tú también me abras las puertas de tu corazón y que nos descubramos el uno al otro desde la desnudez de nuestras almas. Sin prisa, poco a poco, como se cuece el amor sano: a fuego lento y con calma.
Y si solamente estás aquí para pasar el rato, entretenerte y evadirte momentáneamente de la realidad, lo único que te pediré es que, puestos a escudriñar en mi mente, lo hagas con cariño y mucho tacto.
No puedo prometerte que vaya a escribir una newsletter todas las semanas, porque entre otras cosas soy neurodivergente y mi mente a veces tiende a irse por las ramas. Pero te puedo asegurar que todo lo que vas a leer de mí a partir de ahora, será cada vez más sincero, más honesto, más real.
Gracias por haber compartido este momento.




Qué descubrimiento más hermoso el poder expresar sin máscaras en una comunidad donde encuentras tantos que como uno, lo hacen. Gracias por escribir.
Yeah!