La fina línea entre la admiración y el tira-cañismo
Todos sabemos que te encanta la minería, Manolo, pero no caves más.
Escribo esta newsletter mientras me preparo las cosas para el viaje de este fin de semana al que me voy con una amiga.
Desayuno tranquilamente, pongo la maleta vacía en el suelo para empezar a meter la ropa, etcétera… y acto seguido abro las redes sociales, en un impulso completamente inconsciente de ver qué ha cambiado en el mundo de la noche a la mañana (sí, he vuelto a usar instagram y no sabéis cómo me arrepiento, pero de esto ya hablaremos en otro momento).
En la esquina superior derecha, el pop-up de notificaciones de color rojo intenso, para asegurarse de que tu cerebro lo percibe como una señal de alerta, me indica que tengo 5 mensajes privados. Mi adrenalina empieza a bombear. ¡Oh, dios mío! ¡¿Qué habrá pasado?!
Toco suavemente el icono de los mensaje y lo veo. Me han escrito 5 tíos a los que no conozco de nada dejándome corazoncitos y piropos porque ayer subí un stories en el que salía yo. Se me olvidaba que soy mujer.
No es que fuera un stories en bikini enseñando cacho, ¡qué va! Fue un stories donde puesta yo en batín, y sin maquillaje ni nada, normalizaba la hinchazón de mi barriga porque estoy menstruando y cuando me viene la regla me hincho como si tuviera un pequeño alien creciendo en mi vientre.
Y tú dirás: “bueno, chica, tampoco exageres, igual solo estaban siendo amables y querían expresarte su apoyo porque te ven hermosa, lleves lo que lleves”.
Y yo te diré: ¿en qué momento he pedido yo la opinión de mi aspecto a tíos random de internet a los que ni siquiera conozco? Eehh… no.
Está demasiado normalizado eso de enviar corazoncitos y soltar lo que opinas del aspecto físico de la otra persona. Sobre todo si quien suelta lo que le sale de los cojones, sin pararse a cuestionarse siquiera lo que quiere la otra persona, es hombre, y quien recibe todo eso es mujer.
(inciso: al revés también pasa, pero créeme que el porcentaje es muchísimo menor. Y aunque también me escriben mujeres de vez en cuando y me envían corazoncitos y piropos, el tono general de sus mensajes no tiene ni de lejos nada que ver con estos)
Me importa un cojón y medio lo que tíos random de internet opinen de mí o de mi cuerpo. No le pido opinión a la gente de mi círculo cercano que son los que mínimamente me importan, se la voy a pedir a un tío de internet. Por favor, no me hagas reír…
“Hemos escrito” una estúpida norma social que dice que si alguien te dice cosas bonitas le tienes que dar las gracias.
Pues no. Porque yo en ningún momento he pedido tu opinión Manolo. ¿¿A mí qué cojones me importa que tú pienses que soy bonita?? ¿Me van a llover ahora los millones de repente? Ai no, espera… que como Manolo piensa que soy bonita ya está, ahora voy a ser feliz para el resto de la semana. Ya se me han curado todos los males, gracias Manolo. Tu comentario que nadie ha pedido era justo lo que necesitaba para ser feliz. (nótese el sarcasmo)
Incluso te compraría lo de la amabilidad si no fuera porque esos cinco tíos son los mismos que llevan escribiéndome toda la semana. Como si estuvieran en una mina, a pico pala, enviándome mensajes con corazoncitos cada dos por tres, diciéndome lo guapa y hermosa que soy y que están super de acuerdo con todo lo que digo.
Y así sucesivamente, creyéndose el Ryan Gosling de las redes sociales, como si quisieran llegar a una especie de bono mensual en el que al enviar 100 mensajes se ganan el cuponcito de que yo les vaya a responder y tener una conversación con ellos.
Repito, no les conozco de nada.
Si eres mujer, estoy segura de que me entiendes. Porque por desgracia es probable que te haya pasado a ti también.
Es de lo más asqueroso.
Pero lo admito, he cometido un fatal error. Ser amable.
He cometido el error de haberle dado “me gusta” a alguno de sus intentos más inofensivos en los cuales, en vez de comerme el culo descaradamente, solo dejaban un emoji descojonándose por la última chorrada que acababa de publicar o me decían que ellos también habían visto tal película y les había encantado o algún halago hacia alguno de mis trabajos más recientes.
Error fatal porque parece ser que ese pequeño doble tap sutil en mi teléfono ha sido más que suficiente para darles rienda suelta a seguir con su estrategia de minero.
¡Pero esque si subes contenido a redes sociales te expones a que la gente te diga cosas!— cállate Karen.
Vamos a dejar algo bien claro, que exista la posibilidad de escribirle un mensaje privado a alguien no significa que tengas que hacerlo, ni que la otra persona tenga que recibir con los brazos abiertos lo que cojones sea que le estés mandando.
También tenemos buzones en la puerta de todas las casas y no le mandas mensajitos con corazones cada dos por tres al buzón de la chica que vive dos calles más allá diciéndole que te encanta su pelo y que aún cuando va en chandal se ve preciosa. ¿Ves lo jodidamente repugnante que es?
Pero hemos normalizado que en redes no pasa nada. Que como no es el buzón de su casa, pues no hay problema. Que como tú estás tranquilamente en la “privacidad” de tu habitación mirando el teléfono, no tiene nada de malo, que no es siniestro en absoluto, ni tampoco es acoso. (sarcasmo otra vez)
Manolo, STAP.
Está genial admirar a alguien y mostrarle tu apoyo. A todes nos gusta que se valore nuestro trabajo. Pero la línea que separa la admiración del tira-cañismo porque lo que pasa realmente es que estás idealizando a una persona de internet a la que no conoces de nada y como tienes una pésima gestión emocional confundes que te la pone dura con la admiración hacia su trabajo y su inteligencia es MUY fina.
Y sinceramente, no tengo por qué tolerarlo.
Teniendo en cuenta esto, no me extraña que cuando sucede a la inversa y soy amable con hombres, simplemente porque sí, porque igual me parecen graciosos o majos y me apetece conocerlos com AMIGOS, en seguida piensen que tengo un interés sexual-romántico por ellos. No Manolo. Se puede sentir admiración y amabilidad genuina sin querer follarte a una persona.
Así que vamos con unos conceptos basiquísimos que todo el mundo debería saber.
Tu opinión sobre el aspecto físico de alguien a quien no conoces de nada (sea buena o mala), te la callas.
Una cosa es que yo ponga un stories y que me respondan mis amigos o gente a la que le tengo una relativa confianza. Y otra cosa es que tú, Manolo, que no te conozco de absolutamente nada y me importa un comino tu opinión, me vengas a decirme lo hermosa que soy.
No necesito que me escribas un mensaje privado diciéndome que soy preciosa. Yo ya sé que soy preciosa. Y si por algún casual en algún momento tengo la autoestima baja y necesito un poco de refuerzo positivo, no va a ser a ti a quien acuda para que me la subas, sino a mis amigas.
No caves más.
Todos sabemos que te encanta la minería, Manolo. Y ponerte ahí a pico pala a ver si en el siguiente mensaje resulta que sale el rubí que tanto ansiabas.
No va a pasar. Te lo digo ya.
Las películas de hollywood te habrán vendido la historia del chico bueno que se enamora del pivón y de cómo, después de estar ahí aguantándole las lágrimas durante meses y muchos anda y vengos, al final al final ella se da cuenta de que el hombre de su vida siempre ha estado a su lado y se rinde ante su grandísimo corazón y entonces empiezan una verdadera historia de amor.
Ni tu eres Seth Coen, ni instagram es “The O.C.”. Lo que estás siendo es un tío random que da mucho cringe.
Primero asegúrate de que la persona a la que le escribes QUIERE QUE LE ESCRIBAS.
¿Obvio, no?
No te digo yo que no le escribas a nadie, la opción de escribir mensajes está ahí y al fin y al cabo Instagram es una red social. Una de sus funciones es la de conectar a las personas. En ese sentido, yo he conocido a gente maravillosa y he llegado a hacer buenas amistades que comenzaron con un mensaje inocente de instagram.
Pero si le escribes a alguien y no te contesta. Tío, no insistas.
Por más corazoncitos que le envíes no te vas a ganar el trofeo al mejor acosador del año y como premio te vas a llevar su amistad. Eeh… no va así.
Ha quedado claro, ¿no? Me alegro.
Hasta aquí la newsletter de hoy.
Pero para que no te vayas con mal sabor de boca te voy a dejar aquí abajo una musiquilla bien chula de “Japanese 80’s City Pop” a la que me estoy ultra viciando últimamente.
Si has llegado hasta aquí, gracias por leerme. Independientemente de lo que tengas entre las piernas me encantará que me cuentes tu experiencia, tu opinión y si también te pasan estas cosas por internet.
Y si eres Manolo, te invito encarecidamente a que muestres tu apoyo y tu admiración por mí y por mi trabajo mediante otros métodos (que no sean enviarme mensajes privados cada dos por tres), como por ejemplo: dejando un comentario, compartiendo mis vídeos para que lleguen a más gente o suscribiéndote a alguna de mis páginas de patreon. Gracias 😁
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