Las amistades son como un huevo frito
Reflexión sobre la amistad en la edad adulta
La amistad, como el amor, no es un concepto universal de talla única que le valga a todo el mundo. Cada cuál tiene su perspectiva y creencias al respecto. De hecho es más que probable que a medida que vayas creciendo, madurando (yendo a terapia) y viviendo experiencias diversas, tu concepto del amor y de las amistades vaya cambiando y evolucionando a lo largo de los años. Y como cada persona tiene su propio concepto de la amistad, resulta un poco complejo hablar de ello. Sin embargo, hay una metáfora que se ajusta bastante a la realidad.
Las amistades (y las relaciones) son como un huevo frito.
Imagínate que tienes un plato delante de ti y en éste hay un huevo frito. El huevo tiene dos partes: la yema y la clara. Por lo tanto, en total tendríamos 3 elementos: la yema, la clara y el plato. Cada uno de estos elementos representa el nivel de intimidad o cercanía con las personas (de más cerca a más lejos). Es decir, la zona de la yema (el centro) representaría ese círculo de personas que tenemos muy cerquita a nosotros. Personas que nos importan, que queremos mucho y con las que nos nace invertir tiempo y cariño para mantener un vínculo cercano y seguir construyendo una amistad. Aquí entrarían los mejores amigos, amistades cercanas o esa clase de amigos que son prácticamente familia.
La clara representa un círculo social un poco más alejado de nosotros. Allí meteríamos a personas que nos caen bien, con las que podemos pasar un buen rato, pero no llegamos a querer una amistad íntima con ellos. Conocidos, colegas, compañeros de trabajo, ese amigos con el que vas al gimnasio, tu amiga con la que solo quedas para ir al cine, etc... La implicación emocional de este círculo es mucho menor. Son personas que no están en tu lista de prioridades. No las llamarías para que te dieran apoyo emocional en un momento de crisis y probablemente tampoco contarías con ellas para que te limpiaran las lágrimas después de haberlo dejado con tu ex.
El resto, el plato, representaría a todas las demás personas con las que tenemos un un trato agradable o incluso amistoso, pero nada más. Lo que suele conocerse en mi pueblo como una amistad de “hola y adiós”. No te caen mal, pero por lo que sea no tienes ningún interés en construir nada con esas personas. Algunas de ellas incluso pueden caerte fenomenal pero no sentirte lo suficientemente a gusto como para querer moverlas a la zona de la clara.
Bien. Hasta aquí todo parece sencillo pero la cosa se complica un poco cuando nos damos cuenta de que cada uno tiene su propio plato con su respectivo huevo. Y que, al igual que pasa con el amor, que tú hayas colocado a alguien en tu zona de la yema, porque notabas un feeling increíble con esa persona, no significa que el otro o la otra te haya puesto a ti en el mismo lugar.
Por cierto, no te tomes estas “secciones hueviles” de manera radical porque, como ya te he anunciado al principio, cada persona tiene su propio concepto de la amistad y cada uno determina qué significa cada sección y a quién pone o quita de ella. Esto es solamente un ejemplo que simplifica la complejidad de las interacciones sociales en la edad adulta.
Personalmente no soy partidaria de llamar a todo el mundo amigo. Aunque por lo visto es una práctica bastante habitual en esta sociedad. La gente suele englobarlo todo bajo un paraguas gigantesco llamado amistad. Y después le atribuyen un apellido u otro a cada persona dependiendo del lugar en el que las posicionen. Pero para mí, sinceramente, si no se cumplen ciertos estándares me resulta muy difícil llamar a alguien amigo o ponerlo en la zona más íntima de mi plato (la yema).
Creo que lo más complejo de todo esto es entender y aceptar que tu concepto de la amistad, al igual que el “orden de las secciones”, no tiene por qué ser igual que el mío. Que quizás tú me hayas puesto a mí en tu yema, pero por lo que sea yo a ti te tengo colocado en el plato (o viceversa). Y entonces la relación cojea. La inversión de tiempo y energía en el vínculo no será equitativa. Y darnos cuenta de esto puede doler (si quieres que hable más sobre el duelo en las amistades déjamelo en los comentarios). Te pongo un ejemplo para que me entiendas. Imagínate que haces una nueva amistad. Te cae fenomenal así que le escribes, le propones planes, te mueves a su ciudad para quedar con él/ella, etc.. Pero cuando dejas de proponer, de invertir y de organizar, se hace el silencio. No te busca, no te escribe. Y tú te quedas preguntándote qué habrás hecho mal si cuando quedasteis parecía que os llevabais super bien y que habíais congeniado un montón como amigos. ¿Te suena?
Quizás su forma de tratarte ha hecho que le cogieras mucho cariño y que lo pusieras en tu zona de la yema. Pero para la otra persona las cosas son diferentes. Y, mientras tanto, te machacas creyendo que eres tú el problema cuando en realidad lo que sucede es que estáis en lugares distintos del plato. Es muy parecido a cuando conoces a una persona con intenciones románticas, tenéis una cita, tú te vas a casa pensando que todo ha ido maravillosamente bien pero resulta que pasados unos días ya no vuelves a saber nada de esa persona.
La metáfora del huevo te ayudará a entender y situar mejor a quienes tienes a tu alrededor. Y si la utilizas apropiadamente también te ayudará a evitar muchas decepciones.
Las relaciones tampoco son fijas. Van fluyendo y fluctuando a lo largo de los años y las experiencias. Puede que una persona que nunca te habías planteado sacar de la zona del plato, resulta que un día la vida os junta y poco a poco empezáis a llevaros mejor hasta que al final acabáis convirtiéndoos en mejores amigos. Y lo mismo a la inversa. Hay veces en las que una persona que considerabas familia hace algo, te falla o simplemente la vida os aleja y, por lo tanto, aunque os tengáis mucho cariño y amor, las cosas ya no son como antes y acabas cambiándola de sitio.
El lugar que ocupe una persona dentro de esta deliciosa metáfora no es equivalente a la cantidad de amor.
Puedes amar mucho a alguien y aún así tenerlo en la zona del plato, porque situarlo en tu vida de manera íntima te hace daño. Hay otras ocasiones en las que simplemente es cuestión de tiempo que la relación evolucione favorablemente y vaya a mejor. No todas las personas tenemos el mismo ritmo y nos vinculamos o desarrollamos confianza con la misma velocidad, y simplemente es cuestión de tiempo que ese amigo que te cae genial, pero con el que quedas de manera esporádica, te coja confianza y le apetezca quedar contigo un poco más seguido.
Sin importar lo simples o lo complejas que sean las relaciones interpersonales tienes que tener clara una única cosa, y espero que esto que te voy a decir se te grabe a fuego en el cerebro, el lugar del plato en el que te pongan los demás NO dice absolutamente nada de tu valor ni de tu merecimiento como persona.
Sí, a veces darte cuenta de que esa persona a la que considerabas tu mejor amigo te tiene en su zona de la clara, duele. Pero eso no significa que tú valgas menos o que merezcas menos amor.
Las amistades, como las relaciones de pareja, deberían fluir (en el mejor de los sentidos). No me refiero a fluir como sinónimo de no tener ni un ápice de responsabilidad afectiva y hacer lo que te salga de los huevos (nunca mejor dicho) sin tener en cuenta las emociones de los demás. Sino como sinónimo de avanzar de manera natural, y sin forzar nada, hacia la misma dirección. Si estás tratando de construir una amistad o una relación íntima con una persona con la que las cosas no fluyen, o parecen ser unilaterales, quizás es momento de dejar a esa persona donde la encontraste (con mucho amor) y moverte en otra dirección. Una en la que encuentres personas que sí quieran construir contigo el mismo tipo de vínculo que quieres construir tú con ellas.
Espero que este pedacito de reflexión te haya ayudado de un modo u otro.
Aquí me despido querido lector/a. Gracias por haberme leído 💗



