Para las personas correctas amarte jamás será una carga.
Chismesito con moraleja
No sé si alguna vez has oído la frase de “no puedes sanar en el mismo lugar en el que te rompieron”. Te confirmo que es totalmente cierto.
Tampoco puedes tener relaciones sanas y pacíficas en lugares que no hacen más que activar tu instinto de supervivencia y tu ansiedad. En vínculos donde te invalidan, ignoran tus necesidades y donde tus inseguridades, en vez de ser escuchadas, se convierten en un espectáculo cuyo público está deseando que termine porque no lo soportan más.
Hoy estoy en un momento muy vulnerable. Y si algo bueno me ha enseñado la vida de estos momentos en los que me siento como el culo, es que poco después siempre viene alguien a recordarme todas las cosas maravillosas que tengo a mi alrededor.
Te prometo que este chisme viene con moraleja. Si hace tiempo que me lees, ya sabrás que suelo hacer como nuestra queridísima Taylor y, al menos en esta newsletter, tiendo a usar ejemplos personales para recordarte la importancia de elegir bien a las personas de las que nos rodeamos. Pero sobre todo para que te quede bien claro que vivir un amor sano y recíproco es más que posible.
Pero primero vamos a rebobinar unos cuantos meses atrás para ponerte en contexto.
Era verano del 2025. Un amigo mío, al que le tengo mucho cariño, y yo nos fuimos a Terra Mítica, un parque de atracciones que hay en la Comunidad Valenciana. Me encantan los parques de atracciones. En esos lugares, y en casi todo lo que me emociona en esta vida, soy como una niña pequeña. Me super entusiasmo, voy por ahí dando brincos y saltitos mientras canturreo al ritmo de cualquiera que sea la melodía que esté sonando en el momento. Y heme ahí en Terra Mítica, al lado de mi amigo Oliver, cuyo carácter sereno dista bastante al mío, dando saltitos sin parar con una sonrisa de oreja a oreja mientras recorríamos todas las atracciones.
Dicen que esto es algo muy autista. Esta facilidad por conectar con nuestro niño interior. Por expresar (y sentir) hasta el extremo nuestro entusiasmo por las cosas que nos ilusionan y nos fascinan.
Él por el contrario, es un hombre de naturaleza calmada, realista y más bien poco expresivo. De esos que nunca te dicen que te quieren con palabras, pero te lo demuestran con hechos. Cada vez que me cocina y me sirve la comida como a una reina. Al cogerme la mochila aún cuando soy una cabezota y le digo que yo puedo sola. Al preguntar por mí algo que me da vergüenza. Cuando le añade las paradas pertinentes al google maps cuando viajo para que no tenga que preocuparme, porque sabe que me pongo un poco nerviosa. O cuando resuelve por los dos a dónde vamos a ir porque me he saturado y me es imposible decidir.
Sí, está claro que Oli me ama (como amigos, no penséis mal que esta historia no va de eso). Aunque nunca lo diga con palabras.
El caso es que en aquél viaje a Terra Mítica surgió el tema de cuál sería el próximo parque de atracciones. Yo no podía quedarme solo con aquella experiencia, necesitaba más. Así que rápidamente sugerí ir a PortAventura. Querida lectora ¿has ido alguna vez? Oohh… ¡es TAN bonito! Al menos para mí lo es. Aunque pensándolo bien, quizás ‘bonito’ no sea la mejor palabra para definirlo. ¡El caso! Que derivo jaja.
Al final ambos coincidimos en que el próximo viaje sería a PortAventura. ¿Cuando? Aún era demasiado pronto para decidirlo, pero teníamos claro que no sería en 2025. Así que pasaron los meses y cada uno siguió con su vida. Entonces llegó enero de 2026 y mi niña interior me estaba pidiendo a gritos que volviera a sacar el tema.
–Oooooooliii…–le escribí por whatsapp poniéndole el gif del gatito de Shrek haciendo ojitos– ¿Te acuerdas de cuando dijimos de ir a PortAventuraaaa? Mimimimi.
–Jajajaj sí, claro que me acuerdo.
–¿Vamos?¿Vamos?¿Vamos? Dime que síiiiiiiiiiiiii– ojitos del gatito de Shrek de nuevo.
–Sí que me gustaría, pero no me sobra el dinero ahora, ya lo sabes.
–Pero, pero tú imagínate que todo va bien y que tenemos dinero de sobra. ¿Te apetecería que fuéramos?
–Jaja, sí. Claro que quiero.
–¡¡Yujuuuuuu!! ¡Entonces está hecho! ¡Nos vamos a PortAventuraaa! ¡Nos vamos a PortAventuraaaa! Wiiiii
–Es demasiado pronto para confirmar nada. Aún tengo que encontrar un buen empleo este verano. Pero sí que me gustaría que fuéramos.
–Ya lo séee. Pero sé un poco delulu conmigo por un momento, ¡anda!
–Vale, está bien. Vamos a ir a PortAventura.
–¡Bieeeeeen!
Elipsis temporal. Volvemos al presente y al principio de esta newsletter. Al día de hoy en el que me siento como el culo porque han pasado una serie de cosas estos días que me han resultado difíciles de gestionar ¿te acuerdas? (entre ellas tener que gastarme parte de los ahorros en gestiones que no tenía previstas).
Así que al levantarme hoy, triste, insegura y bastante pesimista con la vida, temiendo que ese viaje que tanto me ilusionaba no pudiera realizarse, le he escrito a Oliver.
–Si al final no podemos ir a PortAventura, ¿iremos aunque sea un día a la playa en verano?
–Claro que sí, pero sí que vamos a ir a PortAventura 😎
–Valii 🖤 –le escribí. Pero mi inseguridad no tenía suficiente con eso.
¿Sabes esas personas que cuando se encuentran mal no paran de darle vueltas a las cosas cuál lavadora centrifugando a 4.000 revoluciones por segundo? Pues esa soy yo.
En mi día a día no soy así, pero todos tenemos nuestros puntos débiles. Y el mío es este. “A ver si me lo ha dicho por quedar bien” “Jope… ¿y si en realidad no le apetece? luego me voy a llevar una desilusión super grande si me dice que no” “Uff.. uff..”. Ahí estaba mi cerebro siendo mi peor enemigo saboteándome de nuevo. Y poco a poco la ansiedad iba ganando terreno. Desde fuera suena obvio que Oli estaba siendo sincero conmigo (más aún después de haberte puesto en contexto de todo lo sucedido). Pero en los momentos de vulnerabilidad nuestro cerebro puede llegar a jugarnos muy malas pasadas y hacernos ver fantasmas donde no los hay.
Así que horas más tarde, sin poder quitármelo de la cabeza, le volví a escribir.
–Perdóname que te pregunte, pero a veces necesito que me repitan las cosas 50 veces para quedarme tranquila. ¿De verdad tienes ganas de que vayamos a PortAventura?
–Sí, me apetece mucho 😊
Automáticamente mi cerebro se calmó. Las revoluciones se ralentizaron. El centrifugado cesó y la ansiedad desapareció.
Su respuesta fue mucho más extensa y argumentada, pero ya te he revelado suficiente información personal por ahora. El resto, si no te importa, vamos a dejarlo en el cajón de la privacidad.
El caso es que algo tan simple como esto, mi necesidad de reafirmación cuando me siento insegura, siempre había resultado un problema para ciertas personas de mi pasado (amigos, parejas, etc). Sobre todo para las que no podían o no estaban dispuestas a amarme tal y como yo necesitaba. Lo que para algunos es una carga horrible, motivo de discusión constante, de exigencias y sensación de opresión, para otros es tan simple como repetir de manera tranquila “claro que quiero”. Y toda la ansiedad se disipa al momento.
Aunque me he enrollado un poco, te cuento esta historia para que te des cuenta de que ninguna de tus necesidades son demasiado y que tú nunca has sido difícil de amar (por mucho que algunas personas te hayan hecho creer lo contrario). Te cuento esto para que te quede claro que no eres demasiado intensa, ni exagerada, ni exigente, ni insegura, ni estás pidiendo demasiado. Simplemente se lo estás pidiendo a personas que no pueden o no quieren dártelo.
Recuérdalo siempre: para las personas correctas amarte jamás será una carga.
Solo hay que aprender a irse (cuanto antes mejor) de los lugares y vínculos en los que te tratan regulero, para abrirle la puerta a todas esas personas maravillosas que están más que dispuestas a amarte como te mereces y tratarte con cariño, incluso en los peores momentos, en esos en los que no puedes ser tu mejor versión.
Espero que te haya servido.
Gracias por haberme leído.




Qué manera más bonita de contar este aprendizaje! Gracias!