Seguramente no tienes los estándares altos, sino que estás buscando en el lugar equivocado
Relaciones sanas y borrachos de amor
El otro día hablaba con una amiga al respecto de las relaciones sanas y no tan sanas. Si eres nuevo o nueva por aquí y es la primera vez que me lees, has de saber que este es uno de mis intereses profundos. Lo cuál me ha llevado a investigar, experimentar, inquirir, observar y analizar el mundo de las relaciones hasta convertirme casi en una experta en la materia.
El caso es que hablando con mi amiga, por supuesto, surgió el tema del amor.
–¡El mercado está fatal hoy en día! Estas cosas antes no pasaban.
A lo que yo le contesté.
–Antes pasaba igual o peor, pero la gente se lo callaba. Las relaciones de antes no eran más sanas que las de ahora, pero la vida íntima y lo que pasara dentro de la pareja era un secreto que solo se sabía de puertas para adentro.
En este mundo moderno en el que habitamos, repleto de información a través de redes sociales, se ha normalizado hablar de las relaciones sanas (lo cuál es maravilloso) pero se ha generado como una especie de efecto rebote en dónde no paramos de ver parejas felices en instagram mientras miramos a nuestro alrededor preguntándonos qué cojones pasa que todos tienen una relación sana menos yo. ¿Será que tengo los estándares demasiado altos? ¿Será que estoy eligiendo mal en el amor? ¿Será que el mercado está fatal y no importa cuanto lo intente que no voy a encontrarlo?
Seguramente no tienes los estándares altos, sino que estás buscando en el lugar equivocado.
Y, lo más importante, cuando te das cuenta de que ahí no es, en vez de irte te quedas.
¿Cómo sabes que no tengo los estándares altos si no me conoces? Por varios motivos fundamentales. El primero de ellos es que estás aquí leyendo esta newsletter. Lo cuál ya me dice que te estás cuestionando si eres tú el problema, algo que una persona arrogante y altiva, que sí tuviera los estándares demasiado altos por creerse lo que no es, jamás se plantearía. ¡Así que enhorabuena!
Lo segundo es que tras hablar con infinidad de mujeres y hombres que me escriben al respecto de las relaciones sanas y lo que buscan en una pareja (a parte de mi experiencia personal en citas, obviamente), estoy convencida de que lo que tú quieres es simplemente lo mínimo y nada más. ¿No me crees? Vamos a jugar.
Apostaría a que lo que buscas en una persona es que te trate bien. Alguien con quien quizás tener algún que otro hobby en común, sin necesidad de ser como dos gotas de agua. Poder hablarle de tus proyectos y esas cosas que te apasionan. Una persona que te escuche, que no te invalide, que entienda tus idiosincrasias, que te quiera, te valore, te acepte y te respete sobre todo en esas partes de ti que quizás no son tan bonitas o agradables. Alguien que te elija sin tener que luchar por su amor. Alguien con quien tener complicidad y compartir la vida.
¿Me equivoco? Seguramente no.
Lo sé porque al final todos buscamos lo mismo. Lo mismo, pero con distintos matices.
La diferencia reside en la coherencia, en los valores, en la capacidad de autoanálisis y de construir una relación sana y segura. En pocas palabras, en ser capaz de responsabilizarse, de dar lo que uno pide y elegir bien a quién le damos todo ese amor que tenemos dentro.
No te preocupes, que en esta newsletter no voy a darle la vuelta a la tortilla para terminar con la típica acusación retrospectiva de “mírate en el espejo a ver si das lo que pides y si no es así no te quejes por no recibir una mierda a cambio”.
Hoy vengo a decirte en pocas palabras, tal y cómo te he remarcado antes, que seguramente no estás pidiendo demasiado, sino que estás buscando en el lugar equivocado. Existe mucha hipocresía en este mundo (por si no te has dado cuenta ya). Muchas personas que dicen que anhelan conectar, cuando en realidad lo que quieren es que les escuchen a ellos y les bailen las aguas sin tener que mover un dedo, ni tener un ápice de responsabilidad.
Muchos y muchas que en la descripción de tinder escriben que son personas espirituales y luego salen de fiesta todos los fines de semana, se pasan con el alcohol y llevan unos hábitos de vida cuestionables.
¿Ves por dónde voy?
Siempre habrá gente así en este mundo. Y te puedo asegurar que lo que tú buscas en el amor no es demasiado, sino más bien lo mínimo.
La reciprocidad, el interés genuino, el cariño, la empatía, la consideración, la comunicación, la capacidad de admitir cuando uno se equivoca para pedir perdón y reparar el daño cometido… son algunos de los mínimos fundamentales para construir una relación sana y segura para ambos integrantes (o cuantos miembros tenga esa relación).
La cosa es que no todo el mundo es capaz de eso, aunque en la teoría casi todos te digan que sí. Todos son muy valientes y están más que dispuestos a saltar en paracaídas cuando están en tierra firme bien lejos del hangar, pero la cosa cambia cuando llega la hora de la realidad.
Igual que existe esta gente, también existe otra que cuando le preguntes si quiere tirarse en paracaídas, en vez de hacerse los chulos y los valientes, te serán sinceros y te dirán que sería necesario hablar de las condiciones y establecer límites sanos para ambos.
El mundo está lleno de todo tipo de personas. No es que los segundos no existan o haya menos. Sino que los gilipollas siempre son los que más ruido hacen en el bar.
Así que cuando te cruces con un gilipollas que, cubata en mano, te venga vociferando «¡Yo sí salto en paracaídas! ¡Ahora mismo si es necesario!» no te lo tomes muy enserio. Mejor ten un poco calma antes de vincularte. Observa si sus palabras y sus acciones tienen coherencia y, si se sostienen con el tiempo, entonces salta.
Si la respuesta es no, no pierdas el tiempo lamentándote por un borracho envalentonado.
Espero que te haya servido.
Te mando un abrazo.
Gracias por haberme leído 🖤
pd. las personas que sí quieren saltar en paracaídas (metafóricamente hablando, tu ya me entiendes) no fardan de ello, sino que directamente lo demuestran con hechos. Establecerán una fecha y una hora para quedar contigo en el hangar, y cuando llegue el momento allí estarán, sin excusas, sin faltas de respeto, sin comportamientos extraños, sin impuntualidad. Si no llega a la cita, ya sabes que solo era “un borracho” más jaja


