Soy una intensa
Y eso asusta
(🎶 hilito musical para crear ambiente 🎶)
Asusta porque no tengo miedo a la vulnerabilidad, ni a todo lo que implica la autenticidad.
Porque no me dan miedo a las emociones negativas (ni a las positivas) y las vivo con profundidad.
Asusta porque la línea entre ser una persona intensa y ser una persona codependiente con apego ansioso es muy fina.
Asusta porque soy clara, directa y transparente desde el minuto 0. No voy con jueguecitos, ni me ando con rodeos.
Pero no me asusta a mí, sino a los demás.
Asusta a quienes creen que la vulnerabilidad es sinónimo de debilidad.
Asusta a quienes les incomodan las conversaciones difíciles y las emociones complejas.
Asusta a quienes tienen miedo de todo lo que se sale de los cánones de la sociedad.
Y no me importa. Está bien. No todo el mundo es para mí, ni yo soy para todo el mundo.
A veces voy con cautela cuando conozco a gente nueva. Pero no puedo evitar ser como soy (y tampoco quiero hacerlo).
A veces la intensidad se confunde con desesperación, y lo entiendo.
A veces es fácil solapar conceptos, pero la intensidad no es querer vincularse rápidamente con alguien a quien no conoces de nada. (eso es ansiedad y falta de autoestima)
La intensidad es vivir las emociones de manera profunda.
Es sentir cada gota de lluvia acariciando tu piel. Cada grano de arena en la playa.
Es sentirse completamente cautivado por los colores de un atardecer.
Apreciar los susurros de la brisa.
Es admirar cada detalle de las pinceladas de un cuadro.
Y apreciar sobremanera el poder y la belleza de una semilla que el día de mañana dará sus frutos como árbol.
Es indagar y profundizar. No quedarte en lo superficial.
El otro día subí un post a instagram en el que decía que soy una romántica empedernida y nunca dejaré de serlo porque amo romantizar la vida.
Amo crear historias a partir de los detalles más ínfimos. Como en esta fotografía en la que aparentemente no se ve nada, mientras que, sin querer, yo no puedo evitar observarlo todo.
Los matices, los tonos, las curvas… Cada detalle, cada rasguño, cada hueco, cada pedacito de sombra me grita “mírame”.
La luz reposando en el extremo de la barandilla, como si estuviera descansando después del largo viaje que ha hecho para llegar hasta nosotros.
El óxido consumiendo poco a poco el hermoso color turquesa oscuro, que lentamente se apaga mientras brilla intensamente. Como una hoguera que en sus últimos instantes de vida arde más fuerte intentando llamar la atención.
Amo el sonido de la lluvia golpeando en la ventana en una tarde de otoño.
Observar cómo incide la luz del sol en los distintos objetos.
Contemplar el reflejo anaranjado de las últimas horas del día rebotando en los edificios, colándose entre las ramas...
Amo observar a la gente pasear por los museos e imaginarme de dónde vendrán, en qué estarán pensando al ver el cuadro que tienen delante, sin darse cuenta de que la obra de arte son ellos mismos.
Me encantan las tradiciones inventadas. Como la de visitar el invernadero de cada ciudad a la que voy.
Me encanta vivir la vida a fuego lento y disfrutar de cada momento (aunque no siempre lo consigo).
Y caminar por la vida fingiendo que vivo en una película indie, de esas que transcurren despacio y con poca acción. Con una melodía de piano sonando de fondo.
Estoy irremediablemente enamorada del amor (sano) y de la vida.
Del cogernos de la mano con ternura y el corazón.
Del, ¿vamos al cine juntos? Y fingir por un momento que nuestro comedor es la mejor sala de proyección.
Y jugar a que uno de los dos es el vendedor de palomitas y al otro le cuesta elegir el sabor.
—¡Tenemos los mejores sabores de palomitas del mundo! ¿Chocolate? ¿Fresas? ¿Una tarde de verano? ¿Olor a césped recién cortado? Usted decide señorita.
(Jaja)
De los post-its en la nevera con mensajes bonitos.
Del, me he acordado de ti hoy.
Creo que jamás podré dejar de apreciar lo hermosa que es la vida, porque jamás dejaré de creer en el amor.
Sí, soy una intensa.
Lo reconozco. No me va lo tibio.
Me va lo dulce, lo cálido, lo íntimo.
Y me da igual contarle mis mierdas a un desconocido.
No porque esté desesperada, ni porque requiera de su aprobación. Sino porque me permito ser vulnerable.
Me permito abrirme y ser humano.
Sí, soy una intensa.
Y sé que eso da mucho miedo.
Sobre todo a quienes no están preparados para ello.
A mí (ya) no.



